5 y 30 AM. Está a punto de amanecer. Soy el primero en correr a la ducha. Medio dormido le pregunto a una niña asiática (japonesa, parece) cómo lo hago para bañarme. Obviamente no entiende un carajo.
Le repito en mi precario inglés pero definitivamente no sabe quién está a cargo.
Logro ducharme en medio de la oscuridad. Salgo rápidamente a ver la salida del sol. Silvia está recién levantándose.
El sol no acaba de salir y ya la temperatura se torna agradable.
El desayuno nos da energías para pensar en este largo día, que comenzará con una pasada al pueblo San Juan de Rosario, para comprar lo que haga falta. Nuestros amigos argentinos olvidan su cámara y una chaqueta. Che Boludo, repite Agustino en tono de broma. Por suerte, alguien tomó las cosas y las guardó.
Nuestra vista se dirige ahora hacia el Volcan Ollagüe, en actividad.
Pasamos por el Salar de Chiguana, dominado por el cerro del mismo nombre, el cual bordeamos. Luego de un rato, comenzamos a tomar altura en el camino. Llegamos entonces al mirador de los volcanes, desde donde se pueden apreciar los volcanes circunantes en todo su esplendor. Este mirador tiene formaciones rocosas que de por sí dan para imaginar el valle de la luna. Es maravillosa la variedad de formas que adoptan los montículos a nuestro alrededor. Sacamos fotos, por supuesto.
Nuestro próximo objetivo es visitar las lagunas donde se encuentran los diferentes tipos de Flamencos: Andino, Chileno y Flamenco de James. Las lagunas son Cañapa, Hedionda, Honda, y Colorada.
En el desierto de Siloli conocimos, envueltos en un viento arrasador, el Arbol de Piedra, formación rocosa que, gracias a la erosión, desde cierto ángulo parece un arbol.
La laguna colorada es parte del parque nacional Eduardo Avaroa, héroe boliviano que está emparentado con Chile a través del extinto Andrónico Luksic Avaroa (Espero no equivocarme en este dato).
En laguna colorada alojamos en un refugio básico. Con luz pero sin enchufes, con un techo de saco bajo latas de zinc. Nuevamente tomamos el esperado café con leche y luego la cena frente a la tormenta eléctrica que avanzaba y que hacía que el techo tuvirera ganas de volar. Esta vez hubo vino de mesa argentino para la cena, lo que agradecimos profundamente.
Esta vez a dormir muy temprano luego de un cigarrillo bajo las estrellas.
Día #13
Febrero 3, 2009 · Dejar un comentario
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