LibreMercado

Día #7

Enero 25, 2009 · Dejar un comentario

Hoy es día de descanso, de relajo.
Nos levantamos a las 10 y nos encaminamos a las termas de Aguas Calientes, que están por la misma calle donde nos alojamos a 10 minutos en subida.
Hay varias piscinas con distintas temperaturas y por supuesto probamos la más caliente al principio.
El lugar está adornado con murales que explican el origen de estas termas y del ecosistema que las rodea.
También está el adorno infaltable: Un buen número de argentinos.
Frente a las piscinas pero en el nivel superior hay un bar y el dueño es Carlos. Tu levantas la mano y Carlos te atiende y te puede traer whisky, Pisco Sour Tequila o lo que quieras. Incluso sandwiches. Todo sobre 15 soles.
Disfrutamos mucho de estas termsa y nos relajamos pensando en la segunda mitad de nuestro viaje. Cuando ya nos aburrimos y mi piel parecía pasa, nos fuimos a buscar un lugar para almorzar.
En Aguas Calientes hay muchos restaurantes que ofrecen menús o platos a la carta y ninguno baja de los 15 soles, más el impuesto por el servico (10% obligatorio que no es propina). Gracias a un dato de nuestras compañeras chilenas llegamos al Mercado.
En este lugar, se venden carnes, frutas, verduras y artesanías en el primer piso. Nos llamó la atención una fruta que se llama Pacay, que que se parece a los porotos (sin desgranar). Dentro tiene una esponja blanca comestible y una semilla negra. Por supuesto pensé que la semilla era comestible y no dudé en masticar. Un policía me dio el dato de que estaba al revés.
Subimos pues al segundo piso en busca de un menú de 6 soles (1 sol = 200 pesos) y nos encontramos con una preparación única, el “Especial”.
Esta preparación es a base de frutas: Papaya, Manzana, Piña, Jugo de Zanahoria. Se le agrega miel, otro jarabe que es extracto de un fruto, leche condensada, huevo y una cusqueña negra.
Con este juguito no pudimos ni almorzar, es ultra poderoso!!!.
Luego de reposar, nos fuimos en busca de nuestras mochilas y a esperar el tren que debe partir a las 17 horas en servicio Backpacker (mochileros).
Nuestros compañeros de viaje en el tren son dos doctores algo viejos, uno peruano y otro alemán. El peruano nos contó que andaba acompañando al alemán y a su esposa en un viaje a través de todo el país y que estaban a la mitad y que estaba muerto de cansancio pero era una especie de vuelta de mano por el tiempo que él pasó en Alemania. En fin, nos contó que había hecho el mismo viaje a Machu Picchu hace 35 años con su amigo alemán, esa vez sin la esposa de éste que no se notaba muy amigable (por algo la dejaron en otro asiento con otras personas).
A las dos horas de viaje lo impensado. Una roca del porte de un auto cayó a las vías desde el cero. Una hora de detención al menos nos dice el personal del tren. Nuestro amigo peruano estima que pueden ser hasta seis horas. Todo el mundo al bar del vagon, todo el mundo al baño del vagón. Después de una hora la cuadrilla que vino de Ollantaytambo a sacar la roca lo logra.
Pudimos ver la roca al lado de la vía. Era gigante. Trato de tomar la foto del año, pero sólo tomé la base de la roca y los pies de un hombre de la cuadrilla.
Una hora y media más de viaje y llegamos a la estación de Poroy, una antes que las estación de Cusco. Nos bajamos rápidamente a abordar una micro que nos dejaría en 15 minutos en la plaza de Cusco, a diferencia del tren, que lo hacía en al menos una hora.
Por fin en Cusco, a descansar. Llegamos a la Posada del Viajero. Agua Caliente, baño privado y acceso a Internet.

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